¿Y por qué no María Fernanda Cabal?

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Por: María Andrea Nieto
Hacía falta una nueva mujer en la política colombiana. Por nueva, no me refiero a una desconocida, pero sí a una distinta de los nombres de siempre y que se le mida a una candidatura presidencial, así como lo anunció esta semana la senadora del Centro Democrático María Fernanda Cabal.

En la izquierda, las voces femeninas tienen como protagonistas a Ángela María Robledo, María José Pizarro, Angélica Lozano, Aída Avella y por supuesto Claudia López. Aunque difiero de muchas de sus opiniones y actuaciones, respeto la valentía de estas mujeres para ejercer la política en un medio sostenido en una estructura patriarcal.

María Fernanda Cabal lleva muy poco tiempo en la política. Fue elegida en lista cerrada como representante a la Cámara por el partido del expresidente Álvaro Uribe en las elecciones de 2014, y para 2018 ganó una curul en el senado. Es abiertamente de derecha y no se avergüenza de serlo. De hecho, su coherencia ideológica le ha valido ganar más seguidores y ratificar el desafecto de sus adversarios.

Crítica del Gobierno del presidente Iván Duque, a tal punto que dice que “la Casa de Nariño no me ha invitado a tomarme un tinto”. Durante los casi 50 días de paro nacional fue una de las voces que recogieron el sentimiento de indignación, rabia y frustración de las mayorías silenciosas. Defendió a la Policía y al Ejército Nacional y se enfrentó a las voces de la izquierda que se cree dueña de la verdad.

No tiene pelos en la lengua, aunque hay que reconocer que en el pasado se le fue la mano en declaraciones como el “estudien, vagos” y el encuentro en el “infierno” de Gabriel García Márquez y Fidel Castro. Es defensora del libre mercado y, por supuesto, de las empresas. Es que, a diferencia de muchos de sus compañeros de Congreso, la Cabal ha sido empresaria. Por eso conoce de las dificultades de los emprendedores y empresarios para pagar impuestos, la nómina y enfrentar un sistema lleno de trabas para las empresas.

La postura de esta politóloga es defender los tres huevitos del Gobierno del expresidente Uribe, es decir, la confianza inversionista, el avance de las políticas sociales y la seguridad democrática. Por eso se le vio tan crítica del presidente Duque durante el paro. Fue una de las pocas voces que reclamaban el levantamiento de los bloqueos y la defensa de los derechos de las mayorías a la salud, la educación, el trabajo y la movilidad.

Odia el comunismo y no le da pena decirlo. De hecho, en sus declaraciones defiende la democracia, las instituciones y no escatima en argumentos para evitar que Colombia recorra el camino de la dictadura de Venezuela.

No le interesan los votos de la izquierda ni caerles bien a sus contradictores. En su lugar, sabe que debe entusiasmar a los votantes de la centroderecha y de la derecha. Entiende muy bien que las bases conservadoras del país le dieron el triunfo al expresidente Uribe y que hoy en día se encuentran decepcionadas por el incumplimiento de muchas promesas que hizo Duque en la campaña de 2018.

Es enemiga acérrima del narcotráfico. De hecho, no le tiembla la voz para decir que el paro nacional estuvo financiado con sus dineros, que el ‘progresismo’ en Colombia es un “pobresismo” y que la Colombia Humana de Gustavo Petro es, sobre todo, “infrahumana”.

Dice que no le gustan los extremos, pero sus adversarios la perciben de extrema derecha. Y es entendible. Hoy en día, en medio de la narrativa que trata de imponer la izquierda, no resulta políticamente correcto salirse del discurso de la defensa del medioambiente, los derechos de las mujeres, la “paz de Santos” y los derechos humanos. Pero el error de la izquierda de Petro y la tibieza de la centroizquierda de Fajardo es haber creído que se convirtieron en los dueños absolutos de unas causas que, más que pertenecer a una ideología, son objetivos comunes de la humanidad.

Por eso el discurso y las propuestas de María Fernanda Cabal pueden resultar interesantes para las bases conservadoras del Centro Democrático. La gente, en general, está cansada de las promesas incumplidas de los políticos y por eso quieren un cambio. Por esta razón, el candidato que ganará en 2022 será el que la gente le crea que va a hacer lo que prometa hacer. Los que votarán por Petro lo harán porque confían en que va a cumplir lo que dice que va a hacer. Diga lo que diga. En la centroizquierda, que son más ambiguos, la gente no necesariamente les cree que hagan lo que prometen hacer, porque ya saben que hacen campaña de una forma y terminan gobernando de otra. De hecho, los votantes de la centroizquierda temen que estos políticos terminen entregándose al establecimiento y siendo más de lo mismo de siempre, gobernando para las élites y lucrándose del erario. Desde la derecha los ven con desconfianza porque los perciben como lobos con piel de oveja, al estilo de Juan Manuel Santos y Claudia López. Ahí radica entonces una de las ventajas electorales de la Cabal y es que, diga lo que diga, la gente tiene clara su posición y le cree porque ha sido coherente en su carrera pública.

La Cabal llegó hablando duro y lo que sí es cierto es que, en medio de tanta polarización, una mujer como ella, con posturas ideológicas firmes, tiene dos opciones: polarizar más o aclarar el panorama.

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