Julito, el Carlos Slim de la opinión (y el periodismo)

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No es que sus comentarios valgan oro. Lo que sucede es que Julio Sánchez Cristo comercia las noticias y chantajea a empresarios, dirigentes gremiales y funcionarios con aparentes “investigaciones” que se pueden archivar con un abultado cheque.

Cómo olvidar el escándalo que se formó con la columna de Daniel Pardo, que en ese entonces escribía para Kien & Ke, en donde reveló que el empresario/periodista Julio Sánchez Cristo estaba en la nómina de Pacific Rubiales.

Eso fue en 2012 y parece que las cosas no han cambiado. El comerciante de la radio continúa chantajeando empresarios, dirigentes gremiales y funcionarios con supuestas “investigaciones” que pueden ser archivadas con un cheque por debajo de la mesa.

El problema de Pardo no era con Pacific Rubiales sino con los medios de comunicación que dejaron de investigar a la petrolera porque les llenaron los bolsillos de billetes. Uno de ellos fue Kien & Ke y el otro La W de Julito.

La difamación a la orden del día

Fue tal el escándalo que Mauricio Pombo bautizó a Sánchez Cristo como el Carlos Slim de la opinión. ¿Por qué no se habrá referido a su capacidad periodística sino a su habilidad para hacer negocios?

Porque en eso se la pasa. Pone a sus periodistas como perros rabiosos a “investigar” para él luego chantajear a los protagonistas de sus informes fantasiosos. Los que no ceden a sus pretensiones son castigados con notas difamatorias que se escudan en el “intentamos contactar a fulano de tal pero no nos respondió el teléfono”.

¡Claro que no le responden! Están hartos de su extorsión permanente y no por unos cuantos pesos. Lo que se conoció fue que en el caso de Pacific Rubiales hubo una danza de cientos de millones que exigió Julito para engavetar sus notas periodísticas.

En 2012, Pombo expresó que varias veces ha criticado a Julio Sánchez por diversas razones y “sé lo que puede hacer para vengarse”. Julito “se ha convertido en un Carlos Slim de la opinión”, añadió el columnista. La extorsión para él son dulces sueños.

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