Editorial Semanal
Petro: el exguerrillero que lidera la destrucción de Colombia

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El exguerrillero y actual senador de la república, Gustavo Petro, se destaca por ser el líder de las manifestaciones que tienen lugar en Colombia con motivo del paro nacional, que todos los días terminan en terrorismo urbano y vías de hecho. A pesar de autodenominarse un defensor de los Derechos Humanos, los trinos y pronunciamientos que incitan al odio, al resentimiento y a la violencia, han sido leña para el fuego que amenaza la estabilidad del país.

Petro había dicho en varias oportunidades que el culpable de todo era el presidente Iván Duque por presentar la reforma tributaria y por no escuchar a la juventud. Sin embargo, cuando el Gobierno Nacional lanzó un paquete de beneficios y oportunidades para jóvenes colombianos, el exguerrillero cambió drásticamente el discurso, arremetiendo contra la honra y buen nombre del expresidente Álvaro Uribe, quien se ha dedicado desde que inició la pandemia en 2020, a proponer soluciones constantes para los problemas sociales y económicos, así como lo ha hecho ante las necesidades manifestadas por los ciudadanos que apoyaron pacíficamente el paro nacional.

El líder político del paro nacional, volviendo a las motivaciones de su juventud cuando militaba en el M-19, ha retomado con fuerza el discurso de odio y resentimiento que aviva la lucha de clases, un lenguaje usado por quienes han desangrado a otros países de Latinoamérica como Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina, Brasil y Chile.

Para ser un supuesto defensor de los Derechos Humanos, Gustavo Petro hace mal llamando a la destrucción de Colombia, atentando contra las personas a las que odia, como se evidencia en el siguiente trino:

 

Para claridad de todos, el expresidente Uribe no fue quien llamó a los ciudadanos a las calles, fue Petro. El expresidente Uribe no ha llamado a ninguna batalla, sino que se ha dedicado a dar sugerencias y propuestas para ofrecer a los jóvenes inconformes y necesitados, incluso reuniéndose con ellos para escuchar todo lo que tenían que decir. Por otro lado, lo que Petro denomina “discurso neonazi”, es el término Revolución Molecular Disipada y no se lo inventó Álvaro Uribe, sino el filósofo francés Félix Guatarri, quien hablaba explícitamente de “la puesta en marcha de una conspiración universal”, mediante “agenciamientos colectivos y máquinas de guerra sociales”, para enfrentar al capitalismo.

Gustavo Petro, quien encaja bien en la descripción de Guatarri, de un revolucionario molecular, no cesa el hostigamiento verbal contra los colombianos trabajadores y se ha valido de la quiebra de empresas provocada por los bloqueos del paro que él agita diariamente, para aumentar el incendio social que se materializa al pie de la letra en actos que infunden terror en la comunidad como la explosión de una estación de servicio en Yumbo, el incendio de la URI en Popayán, el incendio de la alcaldía de La Plata, los daños a los monumentos en Popayán, Cali, Bogotá y Neiva, y los saqueos a granjas productivas.

¿A quién le conviene el caos que vive Colombia? A un falso mesías como lo es él, quien siendo discípulo de Castro y amigo de Maduro, Correa, Morales, Pablo Iglesias y otros borregos del socialismo del Siglo XXI que son hienas vestidas de oveja, tiene la misión de instaurar el legado de Hugo Chávez en la codiciada Colombia que representa para los socialistas la joya de la corona por sus mares, tierra fértil y fronteras para el narcotráfico y la toma de otros países colindantes.

No se trata de un senador que apoya débiles y juventudes sin derechos. Es Petro: el exguerrillero que lidera la destrucción de Colombia.

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