PERÚ SE PRECIPITA EN EL COMUNISMO

Por: Eugenio Trujillo Villegas || Director de Sociedad Colombiana Tradición y Acción || [email protected]

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Después de una larga incertidumbre, y en medio de gravísimas acusaciones de fraude, el Jurado Nacional de Elecciones le otorgó la victoria al candidato comunista Pedro Castillo, quien se acaba de posesionar como presidente del Perú.

Imposible concebir una tragedia peor para los peruanos. Es inexplicable que esta nación, que en los últimos 50 años padeció dos veces la horrible noche del socialismo, que la condujo al caos y a la miseria, ahora haya elegido presidente a un marxista. Castillo es un oscuro maestro de escuela rural, aferrado al más radical discurso de la extrema izquierda, incapaz de expresar sus ideas con claridad y coherencia, pero la irracionalidad política de su País lo condujo a la presidencia.

Regresa la tragedia populista   

Entre 1968 y 1975, Perú padeció la dictadura comunista del general Juan Velasco Alvarado, quien impuso el socialismo y ejecutó una reforma agraria radical, expropiando todas las tierras agrícolas productivas del País. Igualmente nacionalizó la banca, la minería y la industria pesquera, por lo cual las consecuencias desastrosas no tardaron en llegar, sumiendo al país en la pobreza, colapsando la economía y afectando las libertades legítimas.

En 1985, sin recuperarse aun de ese desastre, llegó a la presidencia el muy joven y carismático Alán García. Haciendo gala de una torpeza sin precedentes en el manejo de la economía, implementó un sistema de subsidios, aumentó los salarios irracionalmente y dilapidó el dinero del Estado a manos llenas. Como siempre acontece al comienzo de las fiestas populistas, éstas llegan acompañadas de delirios incontenibles de popularidad, que duran hasta que se acaba el dinero público. Allí es cuando los “genios” socialistas deciden imprimir billetes, que fue el paso a seguir, para financiar el desbordado gasto estatal, lo cual produjo una inflación absurda de 2.000.000%, algo nunca visto en ningún país.

A pesar de estas dos tragedias socialistas, Perú eligió como presidente a un personaje salido de las cavernas del populismo del siglo XXI. Entre las promesas hechas durante su campaña electoral, está la de acabar con las grandes empresas privadas, prohibir la inversión extranjera, hacer de nuevo una reforma agraria marxista, prohibir la minería extractiva, que es la mayor fuente de riqueza del País, y repartir el dinero del Estado entre los pobres.

Además, prometió convocar una Asamblea Constituyente, con la cual tratará de perpetuarse en el poder, como lo han hecho sus colegas marxistas. Por este medio impondrá las reformas inherentes al marxismo cultural que está de moda, además de acabar con la propiedad privada y con el empleo de calidad que ésta genera. Los peruanos se sumergirán entonces en una economía socialista de subsidios estatales, de inversiones públicas permeadas por la corrupción, al amparo de la demagogia de sus gobernantes de izquierda radical. En consecuencia, Perú será conducido hacia la miseria en muy corto tiempo.

El jefe y mentor del nuevo presidente es Vladimir Cerrón, un marxista convicto, aliado del grupo guerrillero Sendero Luminoso. Este hombre no fue candidato presidencial porque la justicia peruana lo condenó por corrupción, pero en la realidad es el poder en la sombra. Sin duda será el artífice de la política que conducirá al Perú hacia una nueva tragedia, en el momento en que su modelo de inspiración, el régimen cubano, se derrumba en medio de la miseria y de la tiranía. Antes de tomar posesión, el nuevo gobierno ya generó una estampida de capitales que están saliendo rumbo a los EEUU y Europa, lo cual es un anticipo de la crisis que se avecina.

Comenzará el éxodo de los peruanos  

¡Réquiem por el Perú! Ya veremos cómo llegará a la miseria en mucho menos tiempo que en Venezuela. Los peruanos comenzarán a salir de su país para sobrevivir, aunque ya no hay muchos destinos para ir. Si van a Chile, se darán cuenta que sus vecinos del sur están destruyendo la prosperidad que alcanzaron durante 50 años. Si van a Bolivia, este país no tendrá nada que ofrecerles. Si el destino es Argentina, el kirchnerismo también ya impuso la miseria en el que fuera uno de los países más ricos del planeta. Entonces, el único destino de estas pobres gentes será emigrar hacia los países vecinos que ahora están en mejores condiciones de recibirlos, que son Colombia, Ecuador y Brasil.

A Colombia han llegado más de dos millones de indigentes venezolanos que huyen del chavismo, y si a esto se le suma la próxima migración peruana, la economía colombiana entrará en colapso. Sin contar con que el próximo año habrá elecciones presidenciales y no está claro cuál es el tipo de gobierno que los colombianos van a escoger.

Todo esto nos está indicando un porvenir trágico para América Latina. En medio de tantos problemas que irresponsablemente no son resueltos por nuestros gobernantes, en este continente parece que todas las naciones decidieron optar por el suicidio. Y a esto contribuyen cobardemente los empresarios, los gremios, los dirigentes políticos y religiosos, que deberían dar señales de alarma para evitar la tragedia, pero que misteriosamente se silencian ante el peligro y no dicen nada. Y cuando alguien dice la verdad no le creen, como pasó en Colombia con todas las denuncias hechas por Tradición y Acción con respecto al Acuerdo de paz con las FARC, cuya implementación nos está conduciendo hacia una espiral de violencia y de impunidad que favorece a los grupos terroristas.

 

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